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European Civil Protection and Humanitarian Aid Operations

Los Sikuani - un pueblo indígena que lucha por sobrevivir en el conflicto colombiano

Cacique-y-Capitan-Sikuani.-Escuela-de-PAlvira.jpg

Los Sikuani son uno de los casi 100 pueblos indígenas reconocidos oficialmente de Colombia. Nativos de la región del río Guaviare - un afluente del gran río Orinoco y puerta de entrada a la selva amazónica - siguen sufriendo algunas de las peores consecuencias del conflicto Colombiano, cuya duración supera ya los 50 años.

Tradicionalmente una sociedad seminómada, muchos clanes Sikuani han sido desplazados forzosamente por la violencia lejos de sus tierras ancestrales, y obligados a buscar refugio en cualquier sitio donde se les ofrezca tolerancia - por lo general en tierras no reclamadas que carecen de servicios básicos.

En el pueblo de Puerto Alvira, en el sureste de Colombia, uno de los socios humanitarios de la Comisión Europea, Médicos del Mundo (Médecins du Monde o MdM) brinda atención médica a través de sus unidades móviles de salud, las cuales se desplazan río abajo por lanchas hasta llegar a estas comunidades aisladas.

Hilaire Avril, Oficial Regional de información para América Latina y el Caribe, ECHO.
@ECHO_LatAm

Son las 8 de la mañana y la clínica de Médicos del Mundo (MdM), financiada por la Unión Europea, se está llenando lentamente en Puerto Alvira. Los niños - en su mayoría indígenas Sikuani – hipnotizados, observan en silencio al personal médico, a las pilas de cajas con medicamentos y a las grandes pancartas que prohíben las armas dentro o cerca de la clínica.

La población total Sikuani se estima en alrededor de 20 000 personas. En Puerto Alvira, suman 300. "Ellos vivían río abajo", explica una enfermera de Puerto Alvira. "Con muy poca ropa...", añade en voz baja. Hasta que fueron obligados a abandonar sus territorios tradicionales por el conflicto, los Sikuani vivían y se mantenían de acuerdo a las formas tradicionales del clan.

"Pero en la década de los 80 el conflicto vino a nosotros", dice el ‘capitán’ [líder] de la comunidad Sikuani de Puerto Alvira. "Tuvimos que huir y nos refugiamos durante meses con nuestros amigos, los Jiw [indígenas]", añade.

"Finalmente nos autorizaron a instalarnos aquí, en las afueras de la aldea", explica el ‘cacique’ [jefe] de la comunidad. "Pero nos hacen falta refugios básicos y algunos vivimos en casas abandonadas porque las casas que nos prometieron las autoridades nunca llegaron."

Imposibilitados de acceder a su territorio tradicional, los Sikuani apenas se alimentan. En los primeros dos días de consulta de MdM, cinco bebés Sikuani fueron diagnosticados con desnutrición aguda y recibieron Plumpy Nut, una pasta a base de maní que trata la desnutrición aguda grave.

"La atención médica debe adaptarse a la cultura del paciente", explica una médica de MdM. "Por ejemplo, uno necesita recetar medicamentos que se puedan tomar de una vez, en una sola dosis ya que el Sikuani tiene un concepto diferente del tiempo; si uno prescribe un tratamiento regular, ellos a menudo se toman todo el lote de pastillas de una sola vez ", añade.

Los Sikuani sufren de condiciones que agravan su situación. Las enfermedades tropicales (malaria, el chikungunya, parásitos) son endémicas de la región y empeoran por el agua sucia. Además, muchos sufren de las condiciones del "estilo de vida": diabetes, anemia, hipertensión, sobre todo debido a la insuficiente y desequilibrada ingesta de alimentos y a los daños psicosociales que resultan del conflicto armado como son el suicidio y la violencia sexual.

MdM utiliza historias clínicas específicamente adaptadas para la constitución e indicadores de salud de los Sikuani. Pero varias condiciones permanecen sin diagnosticarse y sin tratamiento. "Algunos bebés sufren de kwashiorkor [una severa deficiencia de proteína que distiende el estómago], pero las familias piensan que están bien porque tienen un vientre hinchado", explica el doctor de MdM.

"Vivimos sobre todo de yuca y plátanos que crecen aquí", dice el capitán local, “porque ahora dependemos de las entregas de alimentos de fuera; y en este momento el último envío se ha quedado atascado en un pueblo a horas de aquí”.

En la estación seca, el trayecto dura hasta seis horas. Pero los Sikuani no tienen vehículo. Y esta es la temporada de lluvias, cuando incluso los grandes y coloridos camiones de Colombia se atascan en las pistas que se convierten en lodo líquido.

"Gracias a Dios la gente del pueblo nos ayuda, son como una mano derecha para nosotros", concluye el Cacique.

La seguridad sigue siendo una preocupación, ya que es uno de los puntos más delicados del conflicto. "No ha habido un tiroteo en cuatro o cinco meses", dice el Cacique. Pero el terreno en el que los Sikuani están confinados carece de protección, y está cerca de la base militar local donde los insurgentes han atacado varias veces en el pasado.

"En el futuro necesitamos que nuestra gente sea más competente, al menos en términos de educación y salud", dice el capitán. "Tres jóvenes de nuestro clan ya se han graduado de maestros, pero también necesitamos profesionales de la salud y eso es un largo camino por recorrer", suspira.

"Cacique" y "Capitán" Sikuani en la escuela de Puerto Alvira, Colombia. Fotografía EU/ECHO/H.Avril2015